martes, diciembre 18

CULTURA, VIOLENCIA SIMBÓLICA Y EXCLUSIÓN

CULTURA, VIOLENCIA SIMBÓLICA Y EXCLUSIÓN

Desde hace unas décadas se ha producido un notable crecimiento de la matrícula en la escuela media y el ingreso a ella de jóvenes de sectores sociales que históricamente no accedían a ella. Los docentes, en cambio, han sido formados, muchos de ellos, en una línea de trabajo donde la escuela estaba pensada para los sectores medio y alto de la sociedad, a la vez que ellos mismos, pertenecen a estos sectores sociales. Baste ver las estadísticas que reflejan que sólo un mínimo porcentaje de alumnos de condiciones humildes concluye el nivel terciario o universitario.
Si bien existen una multiplicidad de factores que inciden en el intercambio docente alumno, en este espacio me interesaría centrarme en el modo en que las diferencias culturales influyen en el hecho de que no se tramite el encuentro pedagógico entre los jóvenes de menores recursos y los docentes de la institución.


a. El escenario escolar y sus circunstancias.

Para comenzar nuestro análisis, tomaremos dos situaciones particulares que dan cuenta de los mecanismos exclusores que operan en la escuela y desde allí intentaremos leer las circunstancias que desde el discurso y desde las acciones, consecuentemente, evidencian la falta de integración de los sectores populares en la escuela en cuestión.
Aparece con insistencia, en el los discursos y prácticas docentes, la dicotomía popular/ culto o letrado, ubicándose los docentes (junto con algunos alumnos de mayores posibilidades económicas) en el núcleo letrado y los jóvenes de menores posibilidades económicas, en la periferia, en el sector popular. Esto suele operar como una etiqueta, que a la vez que rotula, tiende a trazar una línea divisoria entre se tiende a ver diferencias culturales como diferencias en su capacidad cognitiva. Se entiende como diferencias biológicas lo que son diferencias culturales.



b. Cultura. Cultura escolar. Cultura juvenil y formas de habitar la escuela.

Todos los seres humanos son seres culturales, dirá Alejandro Grimson , pensar que quienes no comparten los mismos rasgos culturales que yo, no implica que no posean cultura alguna. Las distintas cosmovisiones, prácticas, discursos, etc., se hallan impregnados de cuestiones culturales, aprendidas en la vida social, que de ningún modo poseen una base natural, innata.
La escuela constituye un espacio de encuentro de culturas, de hibridización de las mismas. Allí, las culturas deben ser percibidas como mestizas. De hecho, hablar de cultura escolar no implica aludir a un concepto monolítico, sino a un espacio fragmentario de interrelaciones.
Vale preguntarse, en todo caso, cuál es la noción de cultura que subyace a las prácticas escolares en el escenario escolar que estamos planteando, cómo se plantea la posibilidad de estar con el otro, de establecer un diálogo productivo, que permita la integración entre los sujetos.



c. La violencia escolar como una forma de relación.

La violencia ha devenido últimamente como un modo de relación entre los sujetos, que se hace presente constantemente entre los alumnos. Ya no se trata de pensar la violencia como un hecho aislado y circunstancial, sino que se ha vuelto cotidiana. Los jóvenes que asumen conductas violentas no suelen verla como una desviación a la norma, sino como una forma de interacción legítima. En este sentido, vale la pena preguntarse por la mirada de los adolescentes y de los adultos frente a la violencia cotidiana que se advierte en las aulas y en los recreos. ¿Es compartida la significación de dichas prácticas? ¿En todos casos se interpreta como agresión? ¿Tiene que ver esa violencia entre los alumnos con una violencia más estructural, que se ejerce desde lo simbólico en la institución?





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