Nunca se sabe en qué momento han de llegar.
Los hijos son, sin duda, el descanso de tanto caminar, la sonrisa que te devuelve la ternura. Son aquellas personas que te hacen dar lo mejor de vos mismo, que te hacen volver a soñar y te devuelven las fuerza para seguir luchando por un mundo mejor, donde haya paz.
Llegaste a nuestras vidas una tarde de verano y, de alguna manera, supimos que ya no podríamos dejarte ir, venías con tus pasos inseguros a ocupar el lugar que desde siempre te estaba esperando...
La vida me dio sorprendió regalando otra hija a quien amar y por quien volver a encender las estrellas, por quien volver a pintar un cielo con los colores más bellos...
¡Gracias por volver a hacerme mamá! Gracias, gorda, porque tu alegría llenó días y más días.
Ya te habrás dado cuenta que desde siempre los caminos que fuimos recorriendo sólo conducían a juntarnos, para nunca más caminar solos.
Llegaste para quedarte!!! Y ya nunca, nada, podrá separarnos, porque pase lo que pase ya te has convertido en una parte de nuestras vidas... y nunca, por nada, dejaremos de amarte, y de esperarte cada noche, y cada mañana y cada momento.
